La tunera (imagen de cabecera: con pencas y fruto) está presente en Lanzarote desde al menos 400 años como planta ornamental y de subsistencia, siendo sede de un pujante sector económico desde hace 200 años, con el cultivo de la cochinilla del carmín (Dactylopius coccus,). Tanto la tunera como la cochinilla fueron en otros tiempos, una de las principales fuentes económicas de la Isla, teniendo las mismas, un desarrollo sostenible que solo fue truncado por la competencia de los colorantes artificiales durante los primeros decenios del siglo XX, desapareciendo como ariete económico al aparecer como plaga, la cochinilla silvestre mexicana (Dactylopius opuntiae).

La mayoría de las veces que se cita un determinado producto agrícola, comercial, industrial y de servicios, que se dicen, están incluidos en una economía circular, no es del todo cierto. Una economía circular es aquella, cuyos productos, dan lugar a residuos, que son utilizados por un segundo sector, cuyos residuos a su vez, sirven de base productiva de un tercer eslabón, y cuyos desechos son utilizados por el primer productor, cerrándose el ciclo; cuantos más eslabones tenga la cadena, más beneficio se extrae y se producen menos desechos, lo ideal, cero. Una granja de pollos de engorde, produce una gran cantidad de excrementos, que se acumulan al lado de la granja, excrementos que son colonizados por moscas cuyas larvas se alimentan de estos excrementos, dando lugar a una gran cantidad de proteína viva, la cual puede suministrarse a los pollos, que consumen esta proteína, cerrándose el círculo y eliminándose totalmente los desechos, al transformar las larvas de moscas, dichos excrementos en proteína de gran calidad nutritiva y asimilable por los pollos.

La tunera es igualmente, un ejemplo claro de economía circular, máxime cuando sus desechos tienen una gran cantidad de nutrientes de gran calidad. Los muchos productos que se obtienen de la tunera, producen desechos que se pueden utilizar como abono en los pies de planta, teniendo mejores resultados que otros fertilizantes, tanto orgánicos como inorgánicos.
La lumbricultura es una técnica de obtención de biofertilizantes que tiene su máximo rendimiento, cuando los nutrientes que se facilitan a los gusanos y microorganismos, se obtienen de las mismas plantas en las que posteriormente se van a fertilizar con el abono producido, dando lugar a un biohumus personalizado.
La tunera produce una gran cantidad de materia fresca, tanto por sus pencas como por sus frutos y cuyos nutrientes son preciosos incluso para la misma planta, una vez que dichos nutrientes han sido transformados mediante los procesos digestivos que tienen lugar en las lombrices y el resto de organismos que se desarrollan en el mismo ecosistema. Así, la materia vegetal que sobra en las tuneras (frutos demasiado maduros, pencas desechadas, etc), es depositado en los lechos lombriceros, cuyos residentes lo transforman en un humus semejante a un suelo orgánico de bosque, con todos sus organismos (rizobacterias, micorrizas, pequeños insectos detritófagos, gusanos, cochinillas, lombrices), creando sistema clímax. Y también, importante, desecho y contaminación cero.

La relación tunera-desechos-lombrices-humus-tunera, es un bonito ejemplo de economía circular, cuyos eslabones de la cadena, colaboran en el aprovechamiento de desechos del eslabón anterior, dando lugar incluso a nuevas oportunidades de negocio, que se producen del eslabón siguiente. Este sistema no debe caer en saco roto y desde la Asociación Milana, animamos a los interesados a producir biofertilizantes, utilizando los desechos de tunera y cochinilla; nuestra experiencia de 20 años, se pone a disposición de aquellos ciudadanos que estén interesados en este sector, seguro de que el medio ambiente de Lanzarote, se lo agradecerá, reportando el ciento por uno y eliminando todos los residuos, siguiendo buenas prácticas ambientales.
Juan Manuel Blasco Palomino
Yaritza Luzargo Asociación Milana, Lanzarote
