La Cochinilla del Carmín (Dactylopius coccus, Costa,1838)
La cochinilla del carmín es un insecto hemipteroide (el grupo de las chinches de campo y parásitos de plantas), que vive sobre el nopal o tunera, una especie perteneciente a la familia de los cactus, originaria de México y que produce como sustancia de defensa, un colorante rojo, muy utilizado en alimentación, cosmética y textiles; el colorante se le conoce industrialmente como E-120 y durante más de 500 años ha sido el colorante por excelencia en el mundo, hasta que los artificiales sustituyeron a los naturales, por su bajo precio. Sin embargo, la sospecha más que fundada de que estos colorantes artificiales son perjudiciales para la salud, el rojo cochinilla o carmín, está siendo revalorizado.
La cochinilla del carmín tiene un ciclo de vida algo complicado. Las hembras no tienen alas, viven adheridas a las pencas del nopal, alimentándose de la savia de la planta. Mide aproximadamente, un centímetro, mientras que los machos tienen alas y miden mucho menos, casi un cuarto de centímetro. Tras la reproducción, las hembras, que se llenan de carmín, ponen los huevos alrededor de ellas y a la eclosión, salen ninfas en dos fases sucesivas, para dar unas, a las hembras, sin alas, y otras, tras un periodo de pausa, a los machos, con alas. El ciclo dura unos tres meses, tras los cuales, se recoge la cosecha, secándose las hembras al sol o al calor de una cocina y resultando unos gránulos (los españoles que llegaron a México, la llamaron, grana, por parecer granos de una planta), que se almacenan hasta su venta y utilización.
El colorante producido por las hembras (los machos no producen carmín y tras la reproducción, mueren pronto), está muy concentrado, de tal manera que 200 mg por litro son suficientes para dar lugar a una tonalidad roja, la cual si se mezcla con un ácido resulta de un color rojo intenso a rosa pálido, pero si se añade a una lejía, el color cambia a púrpura o morado, por lo que se pueden conseguir muchas tonalidades según mezcla, lo que es útil para el sector textil. Así, las casacas del ejército inglés estaban (y siguen estando) teñidas con rojo carmín, así como las capas de reyes, cardenales y personalidades de alto rango. Igualmente, el ácido carmínico (solución líquida del carmín de cochinilla), tiñe la lana y cualquier tejido de procedencia animal, no así, las de procedencia vegetal o sintéticas.

Por ello, el carmín de cochinilla está actualmente cobrando un nuevo impulso y se necesitará en un futuro próximo, más producto para satisfacer múltiples sectores de la actividad humana.

En Lanzarote, como en otras regiones del mundo, la cochinilla del carmín está volviendo a tener protagonismo en la agricultura ecológica, siendo ya conocida por muchos visitantes de la Isla, que se interesan por este colorante, tan asiduamente representado en la alimentación. La Asociación Milana, consciente de esta importancia, desde hace más de 20 años, está dando a conocer, la presencia de la cochinilla del carmín, una parte importante en la economía y la agricultura de Lanzarote.


